domingo, 29 de junio de 2014

Sagua la Grande está en el mapa del activismo LGBTI


Sagua la Grande figura desde este sábado en el mapa del activismo LGBTI. Mientras en La Habana desfilaban por el Prado, y mis colegas de Proyecto Arcoíris convidaban a una besada en la Plaza Vieja, algunos sagüeros se reunieron en el parque principal de la Villa del Undoso. Se me ocurrió convocarlos porque esta vez no pude viajar. A la frustración sucedieron varias certezas: La Habana no es el único escenario urgido de activistas, la gente LGBTI tampoco tiene las mismas necesidades y demandas en la ciudad dominada por el Morro que junto a la ceiba de Guaracabuya. Esta fue la primera celebración del Orgullo gay en Sagua la Grande. Alguien prestó la bandera que no teníamos, un amigo trajo algunos plegables antihomofóbicos para repartirlos entre los transeúntes, Carlos Alejandro devolvió a la calle un cartel que ya usó en una marcha. Queremos matrimonio igualitario -dice imperativamente-.

En provincia no sirven las convocatorias publicadas en internet. La mayoría vive al margen de las redes sociales. La gente LGBTI posee una cotidianidad ruda, ajena a las delicadezas de lo virtual. Me refiero a las calles polvorientas de Laredo, el barrio por excelencia de las trans, un sitio desconectado, remoto. Los carteles colocados en la fantástica avenida Caralibro no se ven allá. Decidí, entonces, no emborronar páginas virtuales e ir a las esquinas donde se reúnen los que nunca han oído de Stonewall ni saben que podemos organizarnos, a despecho de las instituciones, para acceder al espacio público. Me fui a la escalinata del antiguo City Bank, que les sirve de asiento por las noches. Toqué alguna puerta en el barrio de La Gloria. Envié recados. Escribí algunos mensajes. Me confieso: también evité la promoción en internet, que hubiera informado a la gran red de activistas online, porque no sabía si este inesperado Orgullo gay sería bien acogido por las autoridades y no quise ponerlas sobre aviso. En Sagua la Grande no contaríamos con la cobertura protectora de la prensa internacional.

A las 4 p.m. del sábado, con la zozobra a cuestas, estábamos en el parque un par de amigos, mi novio y yo. Poco a poco, casi con fatiga, se reunieron cerca de quince personas: tres lesbianas, una trans, un par de bisexuales y una decena de homosexuales. Después de evocar a Stonewall e introducir la noción del activismo, hablamos espontáneamente. Me sorprendí: todos eran activistas potenciales. ¿Qué podemos hacer –preguntó alguien- para tener un espacio recreativo sin homofobia en la ciudad? La pregunta propició la evocación de un centro extinto, el Paradiso –un homenaje a la novela de Lezama- que fundaron y usaron las personas LGBTI sagüeras hasta que el gobierno lo destinó a una tienda.

Una periodista me preguntaba hace poco por el funcionamiento de las denominadas “fiestas gays” en provincia. Estos escenarios recreativos, que inconscientemente funcionan como espacios de resistencia, no existen en la mayoría de las ciudades del país. Que proliferen en La Habana, parezcan síntoma de los rumbos económicos de la época y tengan críticos entre los propios activistas, no implica que las periferias de la Isla demanden la constitución de sitios semejantes, acaso con una vocación más inclusiva. Hay un buen ejemplo en Santa Clara –El Mejunje- y Sagua aspira a recuperar su Paradiso perdido.

En la reunión supe que Sheila, a quien entrevisté una vez cuando se debatía el anteproyecto del Código de Trabajo, resultó despedida de la bodega por motivos relacionados con su identidad de género. Ella desistió de defenderse. El artículo que debió protegerla no lo hizo, luego de los manejos antidemocráticos de la Asamblea Nacional. A la sociedad civil correspondió llamar la atención sobre el atropello y solicitar una respuesta del parlamento. Paquito el de Cuba, en nombre de Proyecto Arcoiris, concibió la carta.

Algunos “errores” deliberados tenía el anteproyecto, como para simular una voluntad gubernamental de inclusión. La misma cláusula que una Comisión de Estilo depuró de la obligación de proteger a Sheila, consignaba en el anteproyecto la prohibición de discriminar por opiniones políticas. ¿Qué sección sindical halló atrevida la mención y propuso suprimirla? La opinión política, como la identidad de género, es una categoría subversiva que figuró para aparentar flexibilidad y acabó suprimida antes de convertirse en ley. Los cubanos –sugiere algún legislador astuto y anónimo- no queremos libertades.

Mariela Castro calificó de “tensión creativa” a la omisión de la identidad de género. El concepto, de raigambre psicológica, no consigue describir el carácter abusivo de un procedimiento que violentó la democracia y deterioró la credibilidad de una ley. Es un amable eufemismo. ¿Cómo juzgará Sheila la supresión que la desampara?

Entre el eros y el activismo de playa (II y final)


En la reciente conferencia de Ilgalac hubo un panel de participación política. Una transexual latinoamericana habló sobre el Día Internacional contra la Homofobia: “como la transexualidad continúa entre las enfermedades mentales, nosotras no tenemos nada que celebrar”. Ella debió añadir que la conmemoración de Stonewall, denominada Día Internacional del Orgullo LGBT, se presenta con matices más revolucionarios.

En Cuba –y esto no lo sabía la delegada- el activismo oficialista ha desalentado la celebración. Invocan el carácter “capitalista y mercantil” que posee en buena parte del mundo. Parece, por el contrario, que la tradición contracultural y contestaria que simboliza Stonewall agrada menos. El modelo de activismo dócil y leal al poder desestima la fecha problemática; el otro activismo la celebró precariamente, afincado en la tradición de la gente que resistió al poder y comenzó una revolución.







7 comentarios:

Yuris Nórido dijo...

¡Allí hubiera estado! Un abrazo fuerte...

Maykel dijo...

Habrá más. Ya nos acompañarás.
Un agran abrazo.

Anónimo dijo...

Con respeto: ¿lograron reunir a 15 maricones y tortilleras nada mas?
Se ve que Sagua es un pueblo de hombres machos, je je je.
Viva la omofovia!!!!!

Nelio Ariel Ochoa dijo...

Vivo en San Luis, Argentina...cuando era niño...ahora tengo 45, habían solo dos homosexuales en el pueblo... uno pobre y uno rico, por ello crecí sin querer reconocerme homosexual...quien se quería parecer a cualquiera de los dos?. En fin. Hoy entre las leyes aprobadas por el estado argentino figuran las que todo el mundo conoce...matrimonio igualitario, ley de identidad de género, etc... hasta que llegó el papa Francisco, pero ese es otro tema... Bue... a dónde iba? ah si... los 15 maricones y algunas tortilleras... bue...con el tiempo me enteré que el odóntologo de la vuelta de casa era gay, y el enfermero, y el cura, y un médico, y cuantos mas...claro...el chico que repartía la soda, el panadero, el mecánico de mi papa, el papá de un compañero, y luego a partir de los 90 salieron a relucir otros un ministro de la corte suprema, un juez, un senador, un diputado, un diputado que tenía un hijo gay, un profe de la uni, y que se casa un coronel con un capitán, y otro y otro, claro, el lapso de tiempo hace que hoy vea como ídolos al gay pobre y al gay rico...los únicos que develaron su rostro en una sociedad que no tenía gays...por ello estimados maricones, tortilleras, travestis y gente de todos los sexos! -dijo una periodista argentina empinando una copa de champagne-… gracias por mostrar el rostro porque un niño o niña puede tomarlos de ejemplo y salir del agobio de querer ser otro…no hay mayor apuesta política que la visibilidad… un abrazo Ariel.

Anónimo dijo...

Bah... todos son unos maricones

Nelio Ariel Ochoa dijo...

Si corazón... asi está el mundo hoy!! que arde!....

Unknown dijo...

Hola homofobico (con h por favor), lograron reunir 15 valientes con diferente orientación sexual. Hombres machos??? En que siglo vives?
Un saludo para todos , se ven bellos con nuestra bandera.